• felipe

PINTURA: Margo y Paolo



Margo y Paolo

2016-2017

Retrato óleo sobre papel 9 cm x13 cm


El retrato a lo largo de la historia ha dejado una huella en sus diversas manifestaciones y técnicas, huella que se ve reflejada en la memoria de los diversos tipos de gobierno: religioso y civil. Como ejemplo podemos traer a la memoria aquel que se remonta a Egipto ; el “Fayum” o retratos fúnebres.



Grecia y Roma no se quedaron atrás en esta expresión artística tan usual en las épocas de sus esplendores. Para ilustrar lo dicho, traigo a la memoria al gran Leonardo Da Vinci y su más famoso retrato de la Giocona (o más comúnmente conocida como Mona Lisa), expresión llena de maestría de esta forma del arte pictórico en tiempos renacentistas.



Es digno de recordar también que México tuvo grandes artistas en este rubro como Hermenegildo Bustos (1832-1907), Miguel Pastrana (1860-1938), y otros más, que plasmaron el alma de las personas en el lienzo, su esencia pura en colores. De la expresión artística del retrato se cree que el artista posee esa capacidad de captar la esencia de la persona, de aprehenderla.



Cierto es que esta técnica, aunque sin perder los puntos de partida motivacionales, ha dado un giro importantísimo en las ultimas décadas, pues el avance de la tecnología y la proliferación de los instrumentos digitales han creado elementos que han dejado prácticamente de lado al pincel y al óleo, tales como la cámara fotográfica, que comenzó siendo un arma sofisticada y exclusiva, hasta llegar a convertirse en un elemento de uso común contenido en un dispositivo móvil accesible para todos como lo vemos ahora.



Con todo, he de decir que grandes artistas dejaron un importante legado en la materia, tales como Tina Modotti, recuerdo también a Manuel Álvarez Bravo, donde ni el pincel ni la cámara fotográfica entraron en guerra entre sí. Es impresionante y muy loable ser testigos que en la actualidad existen artistas que fusionan la fotografía, la pintura y el dibujo. Dentro del llamado “arte digital” se encuentra Lucia Maya.



Margo y Paolo son una creación de mi imaginario. A Paolo lo realicé el 31 de diciembre del 2016 y a Margo el 1 de enero del 2017, retengo perfectamente las fechas en mi memoria. Recuerdo que una tarde de diciembre del 2016 tuve una inquietud, pronto se fue tornando en una idea y, decididamente, compré una libreta (o cuadernillo) y plumas. Pasaba por momentos difíciles, tal vez por eso tengo bien fijos los detalles. Tomé en mis manos los materiales y así, “en bruto” tomé una pluma y comencé a escribir libremente y, sin percatarme, estaba haciendo una catarsis, una auto sanación.


Escribía sueños que tenía en ese entonces, unos para disfrutarse y otros que me perseguían. Otros más, recuperados de la noche con detalles, me parecían interesantes. Escribí parte de mi vida y comencé una historia. Hubo un punto, un momento preciso donde todo tomó un orden, y creé dos personajes y a estos les di un espacio, una nacionalidad, y forma física bien descrita. Estos fueron tomando una personalidad, casi eran un alter ego. Poco a poco su vida fue entrelazándose en la vida mía que en ese momento escribía. Por medio de sus sueños Margo y Paolo me conocieron. Algunas veces esos sueños se tornaban pesadillas y es así que quise plasmarlos ya no de forma literaria, si no visualmente, que fuera el pincel quien encarnara a aquellos perseguidores nocturnos e inquietantes compañeros del siempre desconocido camino del soñar. El pincel los trasladó a la vigilia, los jaló a la realidad, les dio luz visible.


Aun conservo aquel papel tachonado:


“A mis dos grandes amigos Margo y Paolo que me han acompañado y compartido su vida, y a mi, que les he compartido parte de la mía. A ellos que no saben que existo, ni yo sé donde habitan”.

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