Una Clara nueva para tiempos nuevos


Curso-Novenario Santa Clara de Asís 2020 / en streaming/ Fr. Daniel Ramos OFM

4-11 agosto

Contenidos preparatorios



Algunos apuntes sobre la imagen del curso-novenario que he elegido.

Actualmente me encuentro viviendo mi vida franciscana y ejerciendo mi ministerio sacerdotal en la parroquia de Santa Croce (Santa Cruz) en Tívoli, en la región (estado) de Lazio, en Italia. Dicha parroquia se encuentra en la importante iglesia de Santa Maria Maggiore (Santa María Mayor) con orígenes en el siglo V mediante la iniciativa del papa Simplicio (¿-483) quien, siendo originario de esta ciudad, promovió la construcción de dicha iglesia para ser dedicada a la Madre de Dios, en aquellos tiempos que había sido recientemente proclamado el dogma de la Maternidad divina de María (la Teotokos) con lo que habían sido derrotadas todas las herejías entorno a la doble naturaleza (humana y divina) de Jesucristo. Sabemos de sobra que las iglesias dedicadas a la virgen María en aquellos tiempos con el título de “Mayor” era para afirmar el triunfo de la fe católica sobre la herejía en cada ciudad.




Nuestra iglesia es un cúmulo de riquezas. Es historia pura. El arte mezclado con la antigüedad es su distintivo. No obstante, día a día es visitada por tantos turistas que, movidos por alguna información en internet o revista en materia de arte, al cruzar el umbral de nuestra puerta principal, se convierten en devotos peregrinos cuando desde la entrada observan el precioso ícono de nuestra “Virgen de las gracias” (Madonna delle grazie) que impacta a primera vista con su tierna mirada y gesto bendicional femenino.


Desde hace tres años que estoy aquí viviendo mi vocación en esta particular misión en el extranjero, una de las cosas que más me ha fascinado es la oportunidad del acercamiento a nuestra historia cristiana y franciscana, que en Italia se expresa en los lugares y en el arte que los consolida como referentes de un gran testimonio del pasado que vive en nuestros días y da sentido a nuestro ser religioso.


Dentro de nuestra iglesia, hay un rincón especial: una capilla toda franciscana. Cierto es que desde los orígenes de la Orden esta iglesia ha pertenecido a los hijos de San Francisco. En un periodo a los frailes conventuales y después a nosotros entendidos como “observantes”. Fue en el siglo XVI cuando ese rincón fue decorado con las formas de la época: los frescos. Sin embargo, fuera es este “espacio franciscano” hay significativas obras artísticas de importante relevancia. En el caso de Santa Clara de Asís, existen tres imágenes, todas excepcionales. Una obviamente se encuentra en esa capilla junto a todo lo franciscano. Otra en la parte alta de la nave central en conjunto con un santoral franciscano circular (espero poder escribir después sobre esta colección). Y la que me interesa esta vez: aquella ubicada en la parte inferior del retablo de madera realizado en el siglo XVI por un discípulo de Monaldo Trofi, gran pintor Italiano. Esa es la imagen que he tomado como emblema para este Curso-Novenario 2020.



La imagen de la madre Santa Clara se encuentra en un recuadro en la parte baja del retablo que aun se conserva íntegro y ubicado a la parte derecha del presbiterio de la iglesia. El recuadro es aproximadamente de 50 x 40 cm que alberga una imagen de santa Clara con Santa Isabel de Hungría; ambas, modelo y prototipo del franciscanísmo auténtico en versión femenina.




Esta imagen de Santa Clara la he elegido por dos motivos simples: primero, el de la originalidad. Es una imagen propia de esta iglesia y por lo tanto estoy seguro jamás la habían visto entre los millares de imágenes que conocemos de la santa. Y segundo, porque me resultan ad hoc sus particularidades: su rostro afilado y exquisito, símbolo de la belleza que poseyó en su físico y espíritu. La fina expresión de la adoración eucarística, de la cual es pionera y promotora, incluso antes que la Iglesia la institucionalizara. Y el ramo de rosas sobre el brazo derecho, cosa extrañísima en la iconografía de Santa Clara. En materia pictórica, las rosas son símbolo de tiempos de gracia; tiempos nuevos y promotores de esperanza.



Este curso-novenario se realizará en tiempos post-pandémicos, tiempos que exigen una mirada renovada hacia las realidades humanas y espirituales que habíamos descuidado: el amor personal, la guía de Dios en nuestras vidas, el valor del entorno social propio y, sobre todo, la importancia de la certeza de implorar a Dios en la incertidumbre. De todo esto, Clara es modelo y ejemplo. Como dice la escritora italiana Dacia Maraini:


“Porque hasta los animales buscan seguridad. Es licito desear un techo, pero no considerarlo propiedad sino más bien buscar compartirlo. Ese deseo es un sentimiento verdaderamente clariano. Desear para sentirnos seguros y compartir esa seguridad”

(Chiara Di Assisi, Rizzoli, Milano, 2013)


¡Les deseo buena preparación a todos nuestros participantes inscritos a estos días de gracia que ya están llegando!

Paz y bien,



Fr. Daniel Ramos OFM

Tívoli. Italia.



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