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Proclamadores de las grandezas de Dios en nosotros



Domingo I Cuaresma 2023


A todos nuestros miembros de grupos y fraternidades en atención pastoral de nuestra Rectoría del Templo de San Francisco de Asís en Saltillo, a la feligresía en general y a todo aquel que lleguen estas letras: en Cristo; paz y bien.


Una vez más, Dios, el Padre de las misericordias –como gustaba llamarlo la madre Santa Clara- nos habla al oído y nos invita a acompañarlo como dice aquella canción italiana: “solos y despiertos en el universo donde no se llega jamás a conocer bien nuestro desierto”; el desierto de nuestra existencia. El desierto ha sido siempre la metáfora más perfecta del tiempo litúrgico de la cuaresma.


Ya el santo padre el Papa Francisco y nuestro señor obispo Don Hilario González han emitido sus respectivos comunicados para exhortarnos a la vivencia plena de este tiempo preparatorio a la pascua, haciendo un notable énfasis en la necesidad de priorizar el encuentro personal con Cristo y la práctica de la penitencia con repercusiones sinodales, es decir comunitarias, en este tiempo litúrgico.


De mi parte, ha tocado de forma especial mi corazón el pasaje no siempre proclamado en las cuaresmas sino en determinados años según el ciclo litúrgico lo indica, me refiero a aquel del “ciego de nacimiento” y que en esta ocasión vendrá proclamado el domingo IV de cuaresma (Jn 9, 1-11).


El evangelio de San Juan ubica este emblemático pasaje como uno de los siete “signos” (milagros) que el Señor realiza en su obra apostólica. El escenario es la así conocida “piscina de Siloé” que sabemos por los estudios arqueológicos y las perspectivas escriturísticas era un estanque que servía para abastecer de agua a la ciudad de Jerusalén en tiempos difíciles de guerra o asedio, sin embargo con el paso del tiempo, este lugar había adquirido por la creencia popular ciertas cualidades “curativas”, lo que la había convertido en un sitio muy frecuentado y concurrido.


Ahí, aquel hombre que jamás en su vida había visto la luz, la ve por primera vez (Jn 9, 7). Sus ojos se iluminan y se corazón se invade de un nuevo esplendor no solo de la claridad del entorno sino también del discreto resplandor del Cristo, que sin conocerlo, le ha devuelto el indispensable sentido de la vista. El Señor mismo se alegra por la visión de aquel hombre, se regocija en su alegría y se enternece con su agradecimiento. Ya la actitud del Señor nos dice tanto para nuestra reflexión y nos podría inspirar para la vivencia de esta cuaresma.


Aquel hombre vivía en las tinieblas de la ceguera, en la incertidumbre anormal de alguien que no solo carecía de un sentido humano, sino que portaba la sospecha del pecado personal o hereditario. Pues entorno a él se cuestionaba: “¿Quién pecó; él o sus padres?” (Jn 9, 2). Una víctima –como las hay en todo lugar y en todo tiempo- de la crítica injusta de los demás.


Jesús deja claro que el mal que este padecía no era a causa de una culpa propia o hereditaria sino para que se manifieste en él la gloria de Dios (Jn 9, 3), dejando en claro que cualquier obra prodigiosa que Él realiza es en miras a anunciar el poder de Dios que todo ama desde una visión inamovible, desde el proyecto original para lo que Él crea. Dios ama a su creatura “buena” (Gn 1) y ese amor permanece no obstante los rumbos de pecado que esta decida andar. El amor del Creador es el amor del artista sobre obra: a donde vaya, a donde se exhiba, a donde sea vendida, su corazón permanecerá en ella porque solo Él sabe los sentimientos profundos que lo llevaron a crearla.


Es sorprendente que el pasaje del evangelio sugiere –como en otros pasajes más- que Jesús exija discreción al compartir lo ocurrido, sin embargo, aquel hombre no desperdicia ocasión para manifestar alegremente lo que ha acontecido (Jn 9, 17). Este hombre es un verdadero agradecido con Dios. Es uno de aquellos que no pueden dejar para sí lo que se les ha manifestado de forma prodigiosa. Es una de esas almas que desde su centro más íntimo encuentran la necesidad de transmitir aquello que han recibido.


En ocasión de este 2023, año en que la familia franciscana celebra los centenarios preparatorios de la Aprobación bulada de la Regla de San Francisco y la Representación del pesebre en Greccio a ocho siglos de estos acontecimientos, nuestra Regla y forma de vida inspirada en el Poverello de Asís manifiesta una actitud recomendada que hunde sus raíces en este punto evangélico. Dice el seráfico padre San Francisco a los predicadores:


Amonesto además y exhorto a estos mismos hermanos a que, cuando predican, sean ponderadas y limpias sus expresiones, para provecho y edificación del pueblo, (...) con brevedad de lenguaje, porque palabra abreviada hizo el Señor sobre la tierra. (2R VII)

La recomendación de la brevedad y sobriedad de las palabras para comunicar las maravillas que Dios hace en nosotros pudieran contrastar con ciertos pasajes que sugieren lo contrario al describir a un Francisco emotivo y lleno de gestos que rebozan de amor y agradecimiento (El pasaje mismo de la primera navidad en Greccio es un claro ejemplo). Con todo, esta cláusula de la Regla y Forma de vida, armoniza perfectamente con el pasaje del evangelio: la transmisión de la misericordia de Dios no debe tener frenos, pero su formas sí que deben ser examinadas y cuidadas para evitar la tentación del desperdicio cuando nos enfrentamos a la belleza de lo sagrado. Queda claro que cuanto hemos recibido de Dios debe ser fraternalmente compartido con tanta humildad pero sin minimizar jamás la gran obra del Creador en nuestras vidas.



Agradezco a Dios estos dos años de servicio a su Iglesia como Rector de nuestro amado Templo de San Francisco en Saltillo e invito a todos a agradecer y manifestar todo lo bueno que Dios ha hecho en nuestras vidas, todo lo generoso que ha sido en nuestro camino no obstante nuestras debilidades y los descuidos en nuestros oficios. Agradezco también a cada uno de los servidores, coordinadores, voluntarios, bienhechores y miembros en general de nuestra actividad pastoral por todo lo que hacen por nuestra iglesia y por la fraternidad de los frailes que -como saben y reitero- estamos para servirlos a ustedes con todo lo que podemos ... y más de lo que podemos.


El cristiano –y el franciscano- es eso: un proclamador de la obra de Dios en su vida: con la honestidad e inocencia del ciego del evangelio, con la castidad y sobriedad de palabra recomendada por el seráfico padre, pero sin faltar jamás la alegría de sabernos iluminados en este mundo después de vencer cada episodio de pecado y caída, la oscuridad a la que se aferra el mundo para con nosotros.

Fr. José Daniel Ramos Rocha OFM Rector y siervo


En San Francisco de Saltillo. Saltillo, Coahuila, a 26 de febrero de 2023. VIII Centenario de la Regla Bulada de los Frailes Menores y la Navidad en Greccio.



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