El año que viene



Así ocurre con la vida del hombre cuando se ilumina de amor



Comienza un nuevo año. Todos los meses de enero tiene en sí la atmósfera envolvente de novedad. Intercambiamos saludos, nos ponemos propósitos, nos prometemos ser mejores personas. Deseamos con todas nuestras fuerzas: ojalá venga un año mejor que el que acabamos de vivir.



Ciertamente un momento difícil, el pasado, en el que tocamos con todo nuestro ser la fragilidad que nos distingue, vimos la verdad de la propuesta del Padre de ser hijos y por tanto, hermanos que caminan juntos: el hombre está en relación, nadie puede salvarse solo, nos necesitamos, no podemos vivir aislados, desprendidos de la humanidad que nos rodea, sostiene y acompaña.



La de 2020 fue una lección de vida que nos obligó a mirar lo que no queríamos ver. Mucho aprendimos en nuestra propia piel y la de nuestros seres queridos: no somos los dueños de nuestra existencia.



Tenemos un nuevo año por delante en este momento. Se me ocurre que los Papas dedicaran el inicio del año solar a la Virgen María, Madre de la Iglesia, por tanto: Madre nuestra. Lo pienso como una invitación a tomarla como modelo, a ser otra pequeña María en la propia existencia.



Entonces, ¿cómo mirar los eventos, los hechos, los momentos, las circunstancias que gradualmente vendrán a nuestro encuentro en el próximo año?



También consideré a María en el momento de la Anunciación, hecho que a partir de ese momento está escrito en la historia y permanecerá así por la eternidad. Lo que se anunció repetidamente se convierte en realidad.



Han sido muchos los artistas que han tratado de visualizar este momento y en este, en un intento de pintar el enigma de lo sagrado. Han documentado mucho con las Sagradas Escrituras, logrando dar emoción a la lectura exegética. En efecto, incluso le dieron entrada a la lectura teológica, al intento de comprender, de connotar la reacción de María. Reacción ante un futuro (¿nuestro nuevo año?) Propuesto a una mujer ya disponible a la fe y que se esfuerza serenamente por la obediencia. Por supuesto, la perturbación relacionada con el evento inesperado y su aparente imposibilidad son dos grados de emoción, relacionados con lo desconocido propuesto. Imagino todos los pasajes de emoción y dedicación en el rostro de María: un desafío existencial.



Y los pintores lo han interpretado con la postura del cuerpo, con el movimiento de las manos, con la caracterización de la mirada. La veo juntando sus manos para imitar al mismo tiempo su retraimiento y su condescendencia ante el hecho que se le anuncia.





Así la mirada: disponible, interior, estupefacta ante el asombro, ¿cómo podemos afrontar el futuro, nuestro futuro?



Cuando las nubes apagan el cielo,

la superficie del lago es plana, metálica;

cuando el sol brilla,

se transforma en un espejo admirable

de las tonalidades del cielo y la tierra.

Así ocurre con la vida del hombre cuando se ilumina de amor:

el paisaje siempre es el mismo,

la obra siempre monótona y alienante,

las ciudades anónimas y frías,

los días idénticos entre sí;

sin embargo, el amor lo transfigura todo y luego amamos todo

y vemos todo con otros ojos.



Es el poeta francés Paul Claudel (1868 - 1955), dramaturgo y diplomático, quien escribe así:


en la tarde de la vida, el creyente sabe que se encontrará con su Señor.

Partiendo de la Anunciación y del Nacimiento de Jesús, nuestra salvación, es bueno preguntarnos por nuestra fe, incluso por nuestro "camino de fe", por nuestra adhesión a Jesús que se nos revela y nos invita a seguirlo, día tras día. día, caminar en su luz.




Como los Magos, también nosotros nos sentimos llamados a una conversión que comienza con un cambio de dirección de nuestra mirada interior: vemos el nuevo año como una oportunidad para adquirir la capacidad de mirar más allá del horizonte limitado por nuestras preocupaciones, ocupaciones para verlo brillar. Es la "estrella" que nos da la dirección correcta. Los Magos, habiéndolo perdido, han tenido la humildad de pedir ayuda: entonces también nosotros miramos al otro, al compañero de viaje, y sobre todo a la Palabra que nos ha sido dada como guía:


"Tu palabra es una lámpara para nuestros pasos, una luz para mi camino".



Esta es una propuesta sobre la que vale la pena reflexionar: el Cardenal J. Tolentino Mendonca nos ayuda:


“Para aquellos que quieran escucharlo, el viento de tu Espíritu pasa como un silbido primaveral que anuncia el deshielo. ¡Nuestra existencia nunca es tan hermosa como cuando nos miras, Señor!
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