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Como se vive, se muere


"Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada."

Mateo 24, 37-44


Homilia pronunciada por su servidor en el funeral de nuestro tío +José Luis Ramos en la Parroquia del Señor Milagros de Magdalena Jalisco el 30 de noviembre del 2025, I Domingo de Adviento.


No cabe duda que el dicho popular que enumera -y que más bien busca resaltar ciertas cualidades de aquellos que transitamos por este mundo- y que reza con palabras sencillas aquello de que: "como se vive se muere”, es decir, que las personas morimos cuando Dios lo quiere, pero que no solamente esa voluntad se manifiesta de una manera misteriosa, sino también festiva y mucho muy significativa.


No creo que sea casualidad el hecho que estemos en año nuevo en la Iglesia, es decir con este primer domingo del tiempo de adviento, un tiempo importantísimo que nos prepara para la santa navidad, y que precisamente en el momento en que estamos iniciando un año nuevo en la iglesia, también estemos dando gracias a Dios por el don de la vida de un ser querido. No creo sea casualidad, tampoco fruto de un azar o de algo que no estaba previsto. Cómo se vive se muere, y Dios siempre marca con letras de oro el último paso que damos por este mundo.


Las lecturas que acabamos de escuchar son las mismas correspondientes a este domingo, y nos vienen perfectamente no como un aliciente, sino como una medicina para el corazón en este momento en el que la tristeza sin duda ha hecho presencia en la familia, en nuestro pueblo, entre los amigos, entre todos los que teníamos, los que seguimos teniendo un vínculo con mi tío Jose Luis.


Yo creo que estas lecturas vienen en este momento tan particular a darnos ese bálsamo que que todos necesitamos para comprender lo que entendemos con la mente, pero que muchas veces nos falta entender con el corazón: que Dios tiene preparados los caminos y que los caminos comienzan, se desarrollan y concluyen el día que Dios lo quiere y de la manera en que Él lo quiere... y esa voluntad revela ciertas nociones que deben ser interpretadas por los que nos quedamos en este mundo.


La Familia completa: Tío Luis, Mary, Lupita, Esteban, Elizabeth y Erika.


Por eso, hermanos, veamos qué interesante resulta escuchar en este primer domingo de adviento, este paso que nos abre a un timepo litúrgico con una espiritualidad propia que hace que nosotros caigamos en la cuenta que es necesario que el Señor Jesús toque nuestras vidas. Yo siempre he dicho que el color morado en la liturgia es como el amarillo del semáforo, es decir, el momento en que nos dice: "detente", haz un alto, vas demasiado rápido, frena ciertas actitudes, cambia, porque no tienes nada seguro en este mundo, por eso hermanos este día la iglesia está vestida con el color morado, precisamente en una bella coincidencia que toca dos puntos significativos y litúrgicos, pero con un gran significado para con este agradecimiento que estamos haciendo por el don de la vida de mi tío José Luis. Estoy vestido con el color morado porque ciertamente estamos celebrando un funeral, pero también iniciando el tiempo del adviento, un tiempo en el cual nos preparamos a un momento importante y no nada más en la iglesia, sino también en los ámbitos de la vida como son el encuentro con la familia en estas épocas, el fortalecer los lazos fraternos, encontrar vínculos de perdón, porque éstos tiempos -no me dejarán mentir- ayudan un poco a que las familias limen asperezas, a que también nosotros dobleguemos un poco nuestro orgullo, nuestro corazón a veces endurecido y demos paso un poco, al menos en esta época del año, al perdón y a la reconciliación.


Por eso es que, recordemos pues que sin duda alguna el objetivo de estas cuatro semanas, significadas aquí en la corona de adviento con estas cuatro candelas que nos van a llevar hasta la navidad, es eso, no hay  otro, que el Señor se haga presente en nuestras vidas. Que el Señor con el recuerdo de su navidad histórica, nos traiga las ganas de hacerlo volver a nacer en nuestra vida, pero también el otro momento histórico que sin duda alguna no tiene fecha y que nos  guste o no, lo queramos o no, va a ocurrir, cuando Jesús venga rodeado de gloria, como juez universal a juzgar a los vivos y a los muertos, según lo dice el credo de nuestra Iglesia católica, es decir,  esta venida histórica en la navidad y ésta otra con el día de juicio, hermanos, tiene un marcado momento y un notable tinte de evento como tal, pero entre una y otra, hay una que san Bernardo Abad en algún momento decía claramente que entre  aquella navidad y el inminente día del Juicio, las dos venidas de Cristo, hay una intermedia que no tiene fecha, ni tiene momento, mucho menos visibilidad, incluso, que pasa a veces tristemente desapercibida, y es esta venida invisible  que se hace presente en los acontecimientos de la vida, en los alegres y en los no tanto, en aquellos de dicha y de gracia, como en los de la desgracia, por eso es que sin duda alguna hermanos, que la "hermana muerte" como la llamaba el Padre San Francisco de Asís, haya tocado a la puerta de la casa no es para nada una maldición, ni es tampoco debemos considerarlo como una forma en la cual vengamos purgando alguna cierta culpa, sino  todo lo contrario, desde una visión positiva podemos ver que tanto la hermana enfermedad, como la hermana muerte, cuando tocan a la casa  es necesario que le abramos puerta y la recibamos no sólo con resignación, si no con una mirada y una actitud de fe, de decirle "pasa", "seas bienvenida", "no nos es tan grata tu presencia, pero con el corazón cristiano y creyendo en Dios -y creyéndole a Dios- te vamos a dar paso. Enséñanos lo que nos tengas que enseñar, ayúdanos lo que nos tengas que ayudar, y lo que nos falte comprender, entonces eso se lo dejamos a Dios". Esa es la actitud que debemos tomar, creo yo, para un momento tan particularmente doloroso como lo es despedir a un padre, como lo es decir adiós a un abuelo, a un suegro,  o ver partir a un amigo, a un tío, a un familiar, a un miembro de la comunidad.


Hermanos, sin duda alguna esta segunda venida del Señor, que no tiene fecha ni lugar definido, y que se prolonga a lo largo de toda nuestra vida, se ha manidfestadoen este episodio que estamos viviendo, cuando el corazón viene golpeado por la tristeza, y cuando el ser mismo entra en este conflicto de la fe. Podemos  decir, sin temor a equivocarnos, que este es un momento de esa venida  misteriosa de Cristo a nuestras vidas, porque tristemente la mayoría de nosotros pensamos que Cristo viene en los momentos de alegría, que Cristo viene cuando venimos a la iglesia y de rodillas lo invocamos. Cuando nos pasan cosas buenas y alegres, y muchas de las ocasiones este tipo de circunstancias nos hacen dudar de Dios, nos hacen alejarnos de Él, o nos hacen cuestionarle como si Él trabajara para nosotros, y como si nosotros tuviésemos el mejor plan para mí y para los seres queridos que me rodean, sin embargo, este episodio es distinto y sin duda alguna aunque la mente nos traicione pensando el contrario, es un episodio especial en el cual Cristo está viniendo a nuestros corazones, es una navidad  que se está haciendo presente en nuestra vida y que como tal hay que recibirla con fe, hay que recibirla  también con un toque de alegría.


Si no logramos comprender lo que ocurre, tampoco es tan importante,  porque al final de cuentas la voluntad de Dios y su mandato no es para comprenderse, es para amarse, al final de cuentas cuando algo nos causa conflicto en la mente tampoco es tan importante que encuentres soluciones o explicaciones, porque lo que pasa con Dios y la expresión de su voluntad nunca son matemáticas, para decir "dos por dos es igual a cuatro", sino todo lo contrario, es una invitación a ir hacia aquello que no nos resulta lógico, como lo es el hecho de arrancar de nuestras vidas a una persona buena, a una persona querida, es para decirle al Señor: "estoy contento de que vengas, que nos visites, no entendemos por qué nos has visitado de esta manera, pero queremos amar tu agridulce voluntad."


Hermanos, es por eso, que, al final de cuentas vean que bello el Evangelio, el Señor nos  ha dicho una cosa muy importante, “nadie sabe el día ni la hora,” (Mt, 24, 36) nadie sabe, "si el padre de familia supiese en que hora va a venir el ladrón, obviamente se pondría en alerta para que no ocurra una desgracia, sin embargo es parte de nuestra condición humana, el hecho de estar preparados, de no conocer el  punto final de nuestro camino y es mejor que no lo conozcamos, porque si conociéndolo descuidamos nuestra relación con Dios y como debemos ser delante de Él. No sabemos como nos comportaríamos en su presencia, a esta expectativa que nos hace pensar en el último momento de la vida y que nos la viene a recordar un acontecimiento como estos, porque no me van a dejar mentir, se nos va la muerte de la consideración de nuestras jornadas,  “nos embarraron la muerte el día que nacimos” dice Jaime Sabines, el poeta Chiapaneco, porque caminamos con ella, la llevamos en la planta de los pies, estamos caminando nuestros pasos hasta el final y ¿quién se da cuenta? Estos episodios nos sirven un poco para decir "Sí es cierto, tengo e tiempo contado", si, pero pasan estos lapsos y regresamos al mismo camino de ignorarla y de llevar la muerte pero debajo de los pies donde no la vemos.


Ojalá que este episodio sea para todos una llamada de atención y que hagamos vida lo que el evangelio nos ha dicho: no tenemos la vida comprada, nadie sabe ni el día ni la hora, de hecho, en el momento en que menos lo pensemos es cundo se va a hacer presente el Señor y, ¡vaya su presencia es fuerte!, no siempre es una presencia amable, una presencia que nos cause una alegría inmediata o el placer por tenerlo de frente, si no que se reviste  y se disfraza de estos acontecimientos dolorosos.


“Nos embarraron la muerte el día que nacimos”

Jaime Sabines


Escucharon del Evangelio hace apenas unos momentos, cómo el Señor lo dice de una manera simbólica en la parábola de los dos hombres que están en el trabajo, uno va a ser tomado y el otro dejado, de dos mujeres que estén moliendo trigo en la cocina una va a ser tomada y otra dejada. Nuestro tío ha sido tomado, ha sido llevado para la Gloria de Dios, ha sido llevado para un momento especial y deveras quiero  referirme  -y se los digo de corazón-, no con el protocolo que suele haber en las homilías de estas celebraciones, que, Liz, Lupita, Ericka, Eesteban, Tía, es cierto, ustedes lo quieren mucho, lo quisieron muchísimo, y yo creo que no  debe haber angustia, no debe haber absolutamente nada de pesar, porque  saben, si ustedes lo quisieron mucho, lo respetaron, lo atendieron. Si dieron  lo mejor de ustedes para con él, en su vida, y en su última etapa, estén seguros va a un lugar mejor, a un amor todavía más  auténtico que al de ustedes y mis respetos para el cariño que ustedes le tuvieron, va a un Amor más fiel, a una misericordia y aun abrazo eterno donde ya no hay dolor, donde ya no hay lágrimas, donde ya solamente hay descanso y alegría,  es como una especie de retroceso al volver al que fue mi tío durante toda la vida, ocurrente, simpático, siempre tendiendo una mirada positiva para todo.  Responsable en su trabajo, alegre, conocido por todos. Yo cree que este abrazo de la muerte, hermanos, de la "hermana muerte" como la llamaba el Padre San Francisco, es un momento definitivo  de un volver a retornar a la vida, pero a la vida plena, donde ya la enfermedad se queda atrás, donde el dolor se quedó totalmente en otra dimensión y este abrazo es un abrazo mejor, porque es de consuelo, por eso es que en este momento, entréguenlo a las manos de Dios. Lo que hicieron por él en vida y en la última etapa de su enfermedad, entréguenlo a Dios porque Dios no se queda con nada, lo que hayan hecho, como nos dice el mismo Señor: "si se le de un vaso de agua a alguien", eso Dios lo recompensa y lo tiene muy presente  para el día en que tú fuiste dejado en este mundo, seas llamado y seas tomado para la presencia del Señor, por eso mucho ánimo y no se les olvide que como cristianos y como católicos, este no es un momento de despedida, si no un momento de ofrenda. Un momento para decirle a Dios "gracias" sicnero. Gracias por el ejemplo que nos dejaste en su persona, gracias por todos los dones que nos diste a lo largo de su vida, incluso, atrévanse a decirle gracias por la etapa última de la enfermedad, la etapa donde Dios mismo lo purificó y le permitió reconciliarse con él, acercarse a donde él.


Mis tíos José Luis y Mary, y mis padres Ildefonso y Alicia el dia del bautismo de Lupita

en la parroquia del Señor Milagroso de Magdalena Jalisco.


Hermanos, la enfermedad es una desgracia a los ojos de quien no tiene fe. Quien tiene fe y tiene a Cristo en su corazón, la enfermedad es una magnífica oportunidad para limar asperezas con la vida, para armonizar con el tiempo. El tiempo de adviento es eso, cuatro semanas para que llegue la navidad y Cristo nazca en tu corazón, no con pleitos, no con rencores, no con deudas, sino con perdón y con misericordia, y exactamente la enfermedad es eso, el adviento de la navidad eterna que sin duda esta ya viviendo nuestro tío, nuestro amigo, nuestro hermano.


Pido a Dios que los arrope con el calor de su consuelo y sepan que, si ustedes lo amaron, Dios lo ama todavía más. Si ustedes lo atendieron, Dios lo va a atender todavía más, de hecho, ya lo está atendiendo. Estén tranquilos y entréguen a su padre con paz en el alma, con paz en el corazón, el evangelio es muy claro: él fue tomado, nosotros fuimos dejados, nos queda mucho por hacer para alcanzarlo si es que queremos ir a donde seguramente Dios ya lo tiene.


Que el Señor le mande el descanso eterno, que lo reciba en su Reino y que a nosotros nos de la consolación y la paz. Que así sea.


Fr. José Daniel Ramos Rocha OFM

Quien en vida lo admiró, quien recogió la admiración de su padre y hermanos como familiares y compañeros de trabajo y ... quien predicó.


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