El fresco de San Benito en casa


Fresco "San Benedetto" / Iglesia de Santa Maria Maggiore / Tivoli, Italia.

Hoy en su día.


Iniciaré diciendo un dato simple pero importante: vivo desde hace tres años en una ciudad en “territorio benedictino”. Con notable cercanía geográfica a la legendaria ciudad de Subiaco y su imprescindible paso para llegar a ella. Tívoli (donde vivo actualmente) es considerada dentro de la ruta de San Benito, lo que implica no sólo que el santo haya pasado o estado en esta zona, sino también la influencia y configuración definitiva en el estilo de sociedad basado en los valores y formas evangélicas con las cuales, san Benito y sus hijos monjes transmitieron el mensaje de Cristo.


Hoy celebramos a San Benito de Nursia (480-547), uno de los indiscutibles patronos de Europa, no porque la Iglesia a través del papa Pablo VI en 1964 lo haya proclamado solemnemente sino por el testimonio histórico –y geográfico que es el que me interesa manifestar esta vez- de la influencia del santo en la formación del continente europeo.


María Zambrano escribió: “Europa nació bajo el signo de la división” y la historia lo comprueba. División en sentido no de lucha sino de diversidad. San Benito es de los grandes fusionadores de esta “división” europea y constructores de una nueva civilización unánime, como realidad y utopía tal como la expresó José Ortega y Gasset: “Europa es un equilibrio”, para señalar con esperanza que esta característica es siempre punto de partida y guía hacia la unidad.



San Benito con su Regla monacal dio pauta a la configuración de las proximas reglas y normativas de la vida religiosa e incluso algunas constituciones politicas de paises y asociaciones que ven en este escrito el modelo inicial de la posible contruccion de sociedades humanas en armonia que garantiza el bien común y la cercanía respetuosa a Dios. La viabilidad del desarrollo social no obstante la fragilidad humana.


La presencia de san Benito en esta tierras se deja ver y sentir a cada paso. La iglesia nuestra de Santa Maria Maggiore construida en el siglo VI según la tradición, estuvo a cargo de los monjes benedictinos junto con el convento aledaño que hoy viene a ser la monumental Villa d’Este, principal atractivo turístico y bien cultural de la ciudad.


En nuestra iglesia, hoy atendida por nosotros los frailes franciscanos mexicanos, cuenta con distintas obras pictóricas y artísticas en general de entre las cuales destaca un fresco de San Benito en la pared derecha de una de las capillas laterales, la cual está dedicada a la Madonna di Pompei (Virgen de Pompeya).


Es un fresco del siglo XVII de autor desconocido. El fresco destaca la figura monumental del legendario abad fundador del monaquismo cenobita (es decir, vida de monjes regulada, vivida en comunidad bajo normas aceptadas voluntariamente), colocado entre dos columnas decoradas con las formas de la época para los baldaquinos tradicionales, generalmente eran obras escultóricas.


La figura de san Benito, como la vemos, presenta las características tradicionales: vestido con cogulla negra, con la regla en mano, báculo, mitra y cruz pectoral abacial, y el cuervo al cual dice Fray Felice Rosseti OFMconv en su libro Una amicizia coi baffi (“Una amistad con bigotes”), él mismo alimentaba en el refectorio del monasterio en cada momento de las comidas. Según la leyenda el animal fue testigo de aquel intento de homicidio que hiciera un sacerdote que envidiaba al santo, y en cierta ocasión le envió en regalo un pan envenenado. Mismo que él descubrió y pidió al cuervo lo tirara donde a ningún hombre pudiera hacer mal. El cuervo obedeció y regresó tres horas después a comer de la misma mano de san Benito como hacia cada día.


El fresco, aunque deteriorado por el paso del tiempo, es impresionante y muy original entre las obras pictóricas que he visto del santo abad; refleja poderío, majestuosidad y elegancia, características de las figuras monacales de la primera etapa de la edad media, tiempo del esplendor de la vida monacal.



Me resulta necesario mencionar que, como es un fresco realizado en conjunto, es decir, en la armonía de la pequeña capilla completa, de frente a este (que seria la pared izquierda) se encuentra otro fresco con las mismas características pero dedicado a san Jerónimo, ilustre santo del la primera etapa del cristianismo y destacado por su gran labor de traducción de la Biblia. Creo, explicar el posible significado de la mancuerna de estos frescos está de más, pero comoquiera lo menciono. De izquierda a derecha el que llevó con su traducción generosa las letras de la Biblia, “palabras de espíritu y verdad” a tantos pueblos y naciones del mundo y secundado por el otro ilustre que con su Regla vitae abrió a tantos hombres y mujeres los caminos de “la perfección de vida en el seguimiento de Cristo”. Palabra y Regla, espíritu y vida, mandamiento y bienaventuranza; Jerónimo y Benito. ¡Qué gozo tener estas obras en mi propia casa! Un verdadero privilegio.



(Montecassino, Subiaco, Nursia. Los lugares benedictinos más importamtes. Fotos mías)


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