San Bernardino, creativo campeón del marketing


Cuando llegué a Italia en el 2014, apenas aterrizado y recibido por algunos de los hermanos de mi provincia, fui llevado a la comunidad de la L’osservanza en la ciudad de Siena, en Toscana. Era la primera ciudad italiana en la que me encontraba puesto que Roma solo la vi de paso no obstante haber dejado mis maletas en la casa de la universidad donde habría de vivir por tres años para hacer estudios.


El primer santo con el que entré en contacto no solo en Siena sino en todo Italia fue San Bernardino, pues su ciudad toda habla de él. Aunque nacido en Massa Marittima en 1380, es Siena su ciudad, pues está impregnada toda de él, cada rincón habla de él y se le puede sentir a cada paso que das por las calles y plazas por donde se le escuchó predicar. A Siena la envuelve una atmósfera que lleva al gran san Bernardino a cada uno de nuestros sentidos ya sea si vas en calidad de turista, peregrino o como residente en Italia. Su poder de presencia es imposible de no percibir. Murió en 1444 en L’Aquila.


Existe entre tantas peculiaridades que tiene Siena una muy singular: toda la ciudad está dividida en doce “contradas”, que son grupos sociales con incidencias políticas y religiosas, obviamente que, siendo de tipo social tienen de suyo la realidad de las clases sociales y posibilidades económicas y de influencia en la vida de la ciudad. En sí, el orden de estas contradas obedece primariamente a la distribución geográfica, diré para explicarlo mejor: son “barrios” y cada uno de estos tienen una organización política similar a las demás, donde hay cabezas que los dirigen y guías que los encaminan en la vida ordinaria de cada grupo social de estos.


También su enfoque y gran parte de su ser de “comunidad” obedece a la preparación de la competencia anual del “palio” que es un concurso de estas contradas en una competición a base de carreras de caballos de origen y estilo medieval donde uno de estos grupos se adjudica el triunfo y lo ostenta por todo un año hasta que llega de nuevo el momento de competir. La competencia es cada 2 de julio. No me consta pero, he sabido que cada contrada es tomada en cuenta para el nombramiento del párroco territorial que les corresponde puesto que, estando ubicadas en un espacio concreto de la ciudad, la parroquia a la que pertenecen está conformada por una mayor parte de los miembros de cada una, por eso la “necesariedad” de su consentimiento y aprobación.


Competencia dentro de la fiesta del "Palio" en Siena.


Cada una de estas contradas, desde su origen, lleva un nombre en base casi siempre a un animal, el cual ocupa gran parte de su escudo (stema) distintivo y bandera. Colores particulares los identifican, himnos siempre de estilo medieval, vestimentas y hasta forma de hablar. Aún recuerdo a los jovencitos acólitos de nuestra parroquia en Siena que mientras se ponían sus túnicas para servir en la misa discutían acaloradamente por quién ganaría en ese año el palio y quién había hecho trampa en la competencia pasada. La misma santa Catalina de Siena (1347-1380), doctora de la iglesia, en alguno de sus profundísimos escritos, mientras argumenta experiencias elevadísimas en materia de mística y apología, interrumpe el discurso para auto presentarse diciendo que pertenece y pertenecerá, “orgullosa y eternamente a la contrada de la Oca”. Es un factor bastante simpático y determinante para los sieneses.


Cada familia en las fachadas de su casa coloca su escudo de la contrada a la que pertenece. Las calles están señaladas también. Las cafeterías y restaurantes ostentan una bandera de Siena y otra de la contrada perteneciente. Los mismo las iglesias. Es un asunto de identidad muy arraigado hasta el día de hoy. De aquí es donde se explican tantos factores en el éxito de la predicación de san Bernardino sobre todo en materia de la predicación del Santo Nombre de Jesús, uno de sus grandes distintivos de vida. Les explico un poco más.


En el 2016 la comunidad de los friales de Siena me invitó a predicar su triduo de preparación y fiesta de lo cual prediqué y deje escrito:

“Sabemos que llevaba el Monograma (tablilla al óleo con el IHS) a manera de banderín y procuraba fuera grabado en todas las formas posibles; en estampas de propaganda, en grandes carteles y, sobre todo, en los testeros de las iglesias, casas consistoriales y domicilios particulares de las poblaciones donde misionaba, de esto es testigo esta ciudad. La presencia del monograma del Nombre de Jesús, en la idea de Bernardino, debía servir de recuerdo perenne de las verdades predicadas y de las decisiones tomadas. De ello pueden verse, aun en nuestros días, multitud de ejemplos en los territorios donde él predicó”.


Dicho Monograma le había servido de defensa ante el juzgado formado por el papa Martín V y otros clérigos especializados de la época, quienes examinaron la predicación de Bernardino debido a algunas acusaciones en su contra que argumentaban herejía y superstición en la devoción que el promovía.


Tocando el 'Monograma'. ¡Un privilegio hecho experiencia!


Sobre ese episodio agrego:


“El papa recibió Bernardino y duramente le prohibió utilizar los carteles con el monograma del Santo Nombre hasta que su comportamiento y predicación fueran examinados. Sabemos que san Bernardino con mucha humildad obedeció y sus escritos y sermones fueron entregados a una comisión revisora. Después de unos meses se fijó fecha para su juicio. Este tuvo lugar frente al papa, en San Pedro, el 8 de junio del mismo año, siendo su abogado San Juan Capistrano (1386-1456), también un gran franciscano nuestro). Les digo con mucho orgullo y satisfacción que la malicia y las acusaciones tramposas contra el santo quedaron refutadas e incluso, bien ilustrada y demostrada su doctrina sobre el Nombre de Jesús, así que el papa no solamente debió justificar y recomendar la enseñanza de Bernardino, sino que lo invitó a predicar en Roma por un tiempo”


Este acontecimiento los franciscanos lo tenemos como “el triunfo del Santo Nombre de Jesús”. Después de esto comenzó una etapa nueva en esta devoción, pues autorizada y querida ya por la iglesia institucional, esta tomaba otro matiz. Comenzó su promoción y propagación.


Se dice que Fray Bernardino mandó reproducir en pequeñas pinturas el Monograma, en escudos de tamaños considerables, en banderas e incluso en cartas para juegos de tabernas. ¡Sí!. De este último dato narran sus biografías que las cartas (de barajas y juegos de taberna) llegaron incluso a los tugurios donde se bebía mucho y se apostaban grandes cantidades de dinero y propiedades. Algunos, ya borrachos y derrotados en esos juegos lloraban amargamente sus desgracias y encontraban en aquellas cartas con el Nombre de Jesús impreso su consuelo y refugio que muchas veces fue el principio de conversiones verdaderas y arrepentimiento.




Los escudos venían colocados en las fachadas y en las puertas de las casas, a un lado de aquellos de las contradas. Todos querían identificarse con uno, señalar su pertenencia a Dios y a la ciudad, quería ser partícipes –como sieneses- que aquel triunfo por parte de Fray Bernardino. Las plazas propias lo esculpían en sus pavimentos y los edificios de gobierno en sus muros. Aquella promoción había tenido éxito de manera notable por la costumbre arraigadísima del uso de identificadores sociales.


Edificio principal en Piazza del campo. Siena.


Una cosa más para complementar: san Bernardino es uno de los principales representantes del movimiento de la Observancia. Moción al interno de la orden franciscana para regresar a las raíces de la espiritualidad heredada por san Francisco de Asís. Este movimiento fue aprobado por la Iglesia y aceptado por un buen número de frailes de aquella época. Siendo un movimiento de “reforma”, es decir de regreso al espíritu de pobreza y renuncia, de penitencia y espiritualidad, obviamente no fue bien querido por todos los hermanos. En este caso, es sorprendente cómo san Bernardino supo primeramente adjuntarse adeptos que como él, habrían de defender el movimiento y entregarse a vivir de esta manera fiel al carisma para contagiarlo mediante el ejemplo y la predicación. Su elocuencia, su predicación pero sobre todo su ejemplo de vida fueron sus mejores armas de marketing que lo llevaron a ser un gran creador de movimientos que en su tiempo marcaron el rumbo de la orden franciscana y que actualmente permanecen en lo esencial del carisma de manera inamovible.


Tanto la propagación de la devoción al Santo Nombre como el movimiento de la Observancia gozan de un origen común que los consolidó desde sus inicios: una buena estrategia de “venta”. Tanto uno como otro, no vieron las primeras dificultades cuando aún eran proyectos piadosos de Bernardino, sino que eran ya planes de vida y convicciones de fe de un nutrido grupo de convencidos que, junto con él, formaban ya verdaderos ejércitos de personas defensoras de la viabilidad y práctica de cada uno; de su verdad arraigada y de la voluntad de Dios expresada en ellos. San Bernardino nos enseña con su obra que cualquier proyecto que nos inspire Dios, necesita reflexionarse y planearse, hacerlo estrategia y “venderlo” bien a sus destinatarios, así y solo así dichos planes saldrán victoriosos de los problemas y dificultades que pudieran pretender entorpecerlos. Fe desde el origen, viabilidad en la planeación, fuerza en su propaganda y alabanza en su triunfo. Este es el itinerario de las obras de este grande de franciscano que nos amaestra con su siempre propositiva actualidad.


Convento de la Osservanza, atendido por nosotros frailes franciscanos mexicanos. Fiesta de san Bernardino. Procesión con el 'Monograma'



Reliquia del hábito perteneciente a san Bernardino. Expuesto a la veneración detrás del altar mayor de la iglesia de la Osservanza.

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