• Luis Diego Segura

Diálogo interreligioso en 'Fratelli Tutti'




Hoy más que nunca debemos de cuestionar una “globalizada tolerancia”



Francisco en su propuesta de reforma eclesial, se ha encaminado sobre todo, hacia el abrir las puertas de la Iglesia al mundo, un mundo plural, un mundo que cambia constantemente, y a encarnar el Magisterio del Concilio Vaticano II. Es precisamente en el capítulo VIII de su nueva encíclica Fratelli Tutti, donde el Papa hace un refrescamiento de la declaración Nostra Aetate.



Es interesante que el Papa sobretodo recuerda que todas las religiones, son mediaciones que defienden íntegramente la dignidad de la persona y que están llamadas a la gran tarea de la fraternidad y de la defensa de la justicia, un esclarecedor signo de los tiempos.



Hoy más que nunca debemos de cuestionar una “globalizada tolerancia”, que al final nos hace ver como seres de bandos contrarios, desde la política del buen vecino, donde nos soportamos, pero no hay un hondo sentido de respeto por el otro(a).


“Como enseñaron los Obispos de India: el objetivo del diálogo es establecer amistad, paz, armonía y compartir valores y experiencias morales y espirituales en un espíritu de verdad y amor»

(Fratelli Tutti, 271)





Abordemos primero el sentido teológico del diálogo interreligioso, ¿para qué sirve? –una pregunta algo sarcástica, pero que evoca, la moda utilitarista, del pensamiento actual-.

Partimos de un Dios que se revela, dialogando con el ser humano, con la creación. Él toma esa iniciativa, hasta el punto de hacerse Logos, “Palabra”, por medio de la encarnación de su Hijo. Sin perder de vista como la pneumatología (teología que aborda al Espíritu Santo), nos ha ayudado a entender la presencia del Espíritu en las religiones, en las personas y en los miembros de la Iglesia. El Concilio con vehemencia confirma esta idea:



“La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres”.

(NA 2).



Por lo tanto donde no florece el diálogo, es donde la brisa suave del Espíritu está ausente y es cuando se acentúan los fundamentalismos que dividen al género humano y que imposibilitan descubrir la bondad de Dios. Y este punto débil de las religiones, es lo que le da realce a las ideologías, para argumentar que las religiones no tienen sentido, per se, sirve de pretexto para ahogar la libertad religiosa y mutilar esa dimensión trascendente de la persona.



El Dios de los cristianos, ofrece desde un diálogo de amor, algo específico: salvación. ¿Qué ofrecemos los seguidores de Jesús al mundo? Nos interpela Francisco:


“Llamada a encarnarse en todos los rincones, y presente durante siglos en cada lugar de la tierra —eso significa “católica”— la Iglesia puede comprender desde su experiencia de gracia y de pecado, la belleza de la invitación al amor universal. Porque «todo lo que es humano tiene que ver con nosotros. […] Dondequiera que se reúnen los pueblos para establecer los derechos y deberes del hombre, nos sentimos honrados cuando nos permiten sentarnos junto a ellos» "

(FT 278)





Por otra parte, debemos de atender a una sana exigencia antropológica, de la relación con otros seres humanos, que es a su vez, una necesidad biológica, social y ética, y “dicha relación conlleva a un reconocimiento y recibimiento en la propia esfera personal” (Cicchese, 2011). Acoger al otro, no solo en lo que es común a mí, sino también en su alteridad. Y no hay peligro de diluirnos con el otro, ya que cada uno habla sin necesidad de colonizar su verdad, sino desde la propia identidad.



Me detengo a pensar, que para dialogar, hay que saber escuchar, ya que si no, corremos el peligro de asimilarlo todo son criterio o caer en un relativismo de opiniones, esa actitud de escucha del otro, es tan urgente en medio de una sociedad con tantos ruidos, con tanta información, con tantos accesos, pero que nos distraen de las personas que nos rodean. Y es precisamente, esa capacidad de escucha, la que evitará que las religiones se deformen y se utilicen para fomentar el odio o la violencia.





Considero que el Papa, logra un llamamiento fundamental, para el mundo de hoy, y las grandes crisis que afrontamos donde nos toca, a cada uno, perder el miedo a la verdad que nos ofrece el otro, Francisco es claro, en urgir los temas que nos deben de unir para reconstruir el mundo: en primer lugar la defensa de la vida, en todas sus condiciones, la defensa de la libertad, de la paz, “actuar juntos por el bien común y la promoción de los más pobres” (FT 282).



Y finalmente, este diálogo, propuesto desde la fraternidad humana, no nos lleva a una conversación superficial, sino a un protagonismo con la historia, donde cada persona se entregue generosamente, hasta consumirse. Una tarea individual, optimizando un camino de transformación donde lleguemos a sentirnos hermanos de todos (FT 286).



Referencias:

CONCILIO VATICANO II. “Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas “Nostra Aetate”.

CICCHESE, Gennaro. “Antropología del diálogo, hacia el “entre” de la interculturalidad”. Buenos Aires: Editorial Ciudad Nueva, 2011.



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